El Monasterio
El Monasterio «Tú eres quien debes manifestar cuáles son la riqueza y el honor a que aspiras. Si el oro puede darte la felicidad, toma oro. Así podrás divertirte en la juventud, trabajar en la edad madura, y descansar en la vejez, pero, si tienes dinero, ¡adiós ambición!, no saldrás de tu estado, y vivirás confundido entre la multitud grosera de los obscuros aldeanos que labran la tierra».
(Comedia antigua).
Antes de referir la entrevista de Alberto Glendinning con el abad de Santa María, que en aquellos momentos de crisis debían decidir de su suerte, conviene que el lector conozca mejor a este joven singular.
Alberto tenía diecinueve años; más alto y más activo que robusto, vigorosamente constituido, estaba perfectamente bien formado, y poseía una gracia y una soltura naturales que no permitían fijar en su estatura gran atención. Solo comparándola con la de las personas, que se encontraban a su lado, podía notarse que tenía más de seis pies de estatura. En su aspecto exterior, Glendinning era superior a Piercie Shafton, más pequeño y menos proporcionado que él, aunque el caballero tenía unos rasgos más regulares, figura más graciosa y epidermis más blanca.
