El Monasterio
El Monasterio «… ¿Qué significa esto? No se comprende nada. ¿Habéis bebido la fatal copa de Circe?».
(Comedia de las equivocaciones).
Mientras Alberto Glendinning caminaba sin más compañía que su valor y confiado en su fortuna, volvamos a la torre de Glendearg, donde ocurrían cosas que el lector debe saber.
Próxima la hora de la comida, Elspeth y Tibb, no teniendo cosa más útil que hacer, se distraían en conversar.
—No nos falta trabajo —decía Elspeth— desde que sir Piercie Shafton se encuentra aquí, ¡y Dios sabe cuánto tiempo durará esto!
—Por pronto que se marche, siempre será demasiado tarde —contestó Tibb, pues las personas de su nombre no han traído nada bueno a Escocia. ¡Cuántas viudas y huérfanos han hecho los Piercie de Northumberland! El famoso Hotspur y otros varios de esta raza cruel han pasado muchas veces nuestras fronteras, desde los tiempos del rey Malcolm, según asegura Martín.
—Martín haría bien en guardar silencio, Tibb, y en no tomarse tanta libertad hablando de gentes alojadas en Glendearg. Además, sir Piercie Shafton es muy respetado por los frailes que nos tendrán en cuenta cuanto hagamos por él. ¡Es un gran señor el abad!
