El Monasterio
El Monasterio «La Iglesia tiene sus cañones y su artillería, a pesar de lo cual no puede combatir contra la infantería, que se atreve a levantarle el brazo.
»Fundid vuestros vasos sagrados de oro, asalariad a vuestros soldados, abridles vuestras bodegas, y empuñarán las armas para defenderos».
(Comedia antigua).
El abad dispensó a su consejero una acogida tan entusiasta, que el subprior comprendió que tenía mucha necesidad de él.
Sobre la mesa del prior no había, como de ordinario, copas ni botellas. Su mitra, de forma antigua, enriquecida con piedras preciosas, estaba colocada al lado de su salterio; tenía el rosario en la mano, y el báculo estaba apoyado contra el brazo del sillón en que se encontraba sentado.
Los padres Felipe y Nicolás, que habían seguido al subprior, esperando sin duda enterarse de los asuntos que tenían inquieto al abad, no vieron defraudadas sus esperanzas, porque después de haber anunciado al padre Eustaquio, aquel les indicó que podían permanecer a su lado.
