El Monasterio
El Monasterio —OÃdme una palabra —se apresuró a decir Murray—. No puedo permitir que os retiréis sin dejarme un prisionero que me garantice una indemnización proporcionada al perjuicio que ha ocasionado a Escocia esta injustificada invasión vuestra. Si os permito marchar, me hago responsable ante mi soberana, que me pedirá cuenta de la sangre de sus súbditos que ha derramado vuestra ligereza.
—Conde, jamás se dirá en Inglaterra que Juan Fóster ha dejado rehenes en un campo de batalla en que ha sido vencedor. Sin embargo —añadió después de reflexionar un momento—, si Stawarth Bolton quiere de buen grado continuar aquà con vosotros, no me opondré; hasta serÃa muy conveniente para que se asegurara de que alejan de aquà a sir Piercie Shafton.
—Lo recibiré en calidad de rehenes y no de otro modo.
Fóster volvióse como para dar órdenes a los que le acompañaban, fingiendo no haber oÃdo esta observación.
—Es un fiel servidor de su bella soberana —dijo Murray a Morton al ver que se alejaba sir Fóster—. Probablemente le costará la cabeza haber obedecido sus órdenes, y la habrÃa perdido seguramente si no las hubiera ejecutado.
—También nosotros tenemos una mujer al frente de la nación —contestó Morton.