El Monasterio
El Monasterio —Es verdad, Douglas —repuso el conde exhalando un suspiro—; pero falta saber cuánto tiempo aún conservará las riendas del poder en este paÃs destrozado por tantas divisiones. Ahora, vamos a Santa MarÃa, y veamos qué sucede en aquel monasterio… Glendinning, guardad a esa mujer, y protegedla.
¿Qué diablo lleváis debajo de vuestra capa? ¿Un niño? ¿Dónde lo habéis encontrado?
Alberto viose obligado entonces a referir las circunstancias que le habÃan impulsado a proteger al pequeñuelo. El conde se dirigió al lugar en que se encontraba el cuerpo de Julián, cerca del de la infortunada Catalina, que lo rodeaba con un brazo, como el roble, desarraigado por la tempestad, arrastra en su caÃda la hiedra a que sirve de apoyo.
—Morton —dijo Murray, extraordinariamente conmovido—, ¡es inmensa la responsabilidad de los que del tal modo abusan de la ternura!
Douglas, desgraciado en su matrimonio, y poco ordenado en sus costumbres, contestó:
—Dirigid esa pregunta a Enrique Warden, señor; yo soy mal consejero en cuanto se relaciona con las mujeres.