El Monasterio
El Monasterio «Pasó su infancia en aquel valle, donde la trompeta guerrera sonaba con frecuencia. El viento llevaba sus sonidos, que el eco repetía, desde el pantano en que nace el Tweed, hasta el lugar en que este río desemboca en el Océano».
(Comedia antigua).
La mayoría de los feudos ocupaban, como hemos dicho, el centro del pueblo de que dependían; pero había numerosas excepciones, entre las cuales se encontraba la solitaria torre a que vamos a conducir al lector.
Encontrábase esta completamente separada del pueblo, y era mayor y más sólida que las demás, prueba del bienestar del feudatario, y la necesidad en que se veía de rechazar con sus propias fuerzas los ataques que le amenazaban. Dos o tres miserables cabañas, agrupadas alrededor del castillo, servían de alojamiento a sus labradores.
Esta fortaleza estaba situada sobre una colina, cubierta de césped, en el desfiladero de un valle estrecho, al que no daba acceso más que un solo punto. Las sinuosidades que en terreno suyo formaba un arroyo contribuían a que su posición fuera casi inmejorable.
