Ivanhoe

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En una plataforma inmediata a la entrada sur, formada por la elevación natural del terreno, se levantaban cinco magníficos pabellones adornados con pendones pardos y negros, colores distintivos escogidos por los cinco caballeros mantenedores de los juegos. Del mismo color eran las cuerdas de las tiendas. Ante cada pabellón podía verse el escudo del caballero que lo ocupaba, y, junto a él, su escudero disfrazado de hombre de bosque, de fauno o de cualquier otra cosa que diera idea de las cualidades combativas que el caballero deseaba asumir. Esta especie de carnaval se supone que posteriormente influenció la ciencia heráldica. El pabellón central, que constituía el lugar de más honor, había sido asignado a Brian de Bois-Guilbert, cuyo renombre en toda clase de hechos de armas, añadido al prestigio de que gozaba entre los caballeros que en aquella ocasión actuaban de mantenedores del torneo, le había valido una calurosa bienvenida. Además, fue nombrado caudillo y capitán pese a su reciente llegada. A un lado de su tienda se levantaban las de Reginald Front-de-Boeuf y Philip de Malvoisin; al otro extremo se alzaba la de Hugh de Grantmesnil, un noble varón de la vecindad, uno de cuyos antepasados había ejercido de mayordomo mayor de Inglaterra en tiempos del Conquistador, y la de su hijo William Rufus. Ralph de Vipont, un caballero de la Orden de San Juan de Jerusalén, que había tenido posesiones en un lugar llamado Heather, cercano a Ashby-de-la-Zouche, ocupaba el quinto pabellón. Un pasadizo ancho de tres yardas unía en suave pendiente el lugar donde se levantaban las tiendas del terreno de la liza. Este pasadizo estaba fuertemente guarnecido de empalizadas, del mismo modo que la explanada que se abría ante las tiendas y, todo el conjunto, atentamente vigilado por centinelas.


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