Ivanhoe
Ivanhoe Aunque no era nada difícil detectar en su fisonomía la audacia disoluta, mezclada con la altanería y el absoluto desprecio de los sentimientos ajenos, ni aun así podía negar su porte aquel atractivo que es privilegio de unas facciones abiertas, bien formadas por la naturaleza y ajustadas por arte propio a las reglas imperantes de la cortesía. Sin embargo, sus rasgos distaban de ser francos y honestos y parecían estar modelados con el único objeto de disimular las verdaderas pasiones de su alma. Tal expresión es muy a menudo tomada por varonil franqueza, cuando en verdad sólo procede de una incansable indiferencia originada por una naturaleza libertina y consciente de su superioridad por nacimiento, riquezas o alguna otra ventaja sin conexión con el mérito personal. Para los que no analizaban las cosas profundamente, el esplendor de rheno o gorro del príncipe Juan, la riqueza de su manto, sus botas de cuero repujado, y sus espuelas doradas, unido todo ello a la destreza con que montaba su palafrén, constituían méritos suficientes para merecer calurosos aplausos.