Ivanhoe
Ivanhoe El inmenso griterÃo de los espectadores, unido al agitar de gorros y pañuelos, dio testimonio del interés de la multitud por el encuentro más nivelado y mejor ejecutado de toda la jornada. Pero no habÃan ocupado los contendientes sus respectivas plazas, cuando el clamor general se convirtió en un denso silencio de muerte, tan profundo, que parecÃa que la gente tenÃa incluso miedo de respirar.
Después de permitir una breve pausa para que recobraran el aliento los caballos y los combatientes, el prÃncipe Juan dio con su vara la señal para que salieran de nuevo.