Ivanhoe
Ivanhoe De acuerdo con la decisión que habÃa tomado, el prÃncipe Juan recibió a Cedric y Athelstane con la más exquisita cortesÃa y supo expresar sin resentimiento su decepción cuando se alegaron motivos de salud para excusar la asistencia de Rowena a tan gracioso convite. Cedric y Athelstane vestÃan las tÃpicas ropas sajonas, las cuales, aunque no carentes de prestancia en sà mismas y en la presente ocasión confeccionadas con costosos materiales, eran de apariencia y formas tan diferentes de las usadas por los otros invitados, que el prÃncipe Juan ganó crédito en la estima de Fitzurse al conseguir contener la risa ante tal, según la moda de la época, ridÃcula visión. Sin embargo, para un ojo libre de apasionamientos, la corta y ceñida túnica y la larga capa de los sajones eran vestidos más bellos y adecuados que el atavÃo de los normandos, cuya desgarbada y suelta camisa parecÃa la de un carretero, cubiertas sus espaldas por una capa diminuta que no defendÃa ni del frÃo ni de la lluvia, y cuyo único objeto era servir de sostén a cuanta pedrerÃa y pieles preciosas se les antojara endilgar cualquier sastre de gusto dudoso. El emperador Carlomagno, durante cuyo reinado se pusieron de moda tales vestiduras, parece ser que abrigaba serias dudas acerca de la utilidad de tal atavÃo. «En nombre del cielo —solÃa decir—, ¿cuál puede ser la utilidad de tan breves capas? En la cama no sirven de abrigo, a caballo no protegen ni del viento ni de la lluvia y cuando estamos sentados no guardan nuestras piernas de la humedad ni del frÃo».