Ivanhoe
Ivanhoe —Creo —añadió después de una corta pausa— que mi hermano tenÃa la intención de conceder a su favorito los ricos dominios de Ivanhoe.
—Asà lo hizo —contestó Cedric—, y no es éste despreciable motivo de desavenencia con mi hijo, ya que aceptó tener bajo feudal vasallaje los mismÃsimos dominios que sus antepasados poseÃan de pleno derecho.
—Entonces daréis vuestro beneplácito, buen Cedric —dijo el prÃncipe Juan—, para que este feudo sea conferido a una persona cuya dignidad no sufrirá mengua ocupando tierras de la corona británica. Sir Reginald Front-de-Boeuf —dijo volviéndose a dicho barón—, confÃa en que sabréis guardar la baronÃa de Ivanhoe con objeto de que sir Wilfred no aumente el disgusto de su padre ocupando de nuevo este feudo.
—¡Por san Antonio! —contestó el adusto gigante—. Consentiré que Vuestra Alteza me considere un sajón, si alguien como Cedric Wilfred, el mejor de todos los que nunca han llevado la sangre inglesa en las venas, consigue arrebatarme el presente con el que Vuestra Alteza acaba de obsequiarme.
—Cualquiera que os llamara sajón, señor barón —replicó Cedric, ofendido por la expresión habitualmente empleada por los normandos para expresar su desprecio hacia los ingleses—, os harÃa un honor tan grande como inmerecido.