Ivanhoe
Ivanhoe —Puedo aseguraros —contestó De Bracy— que será cuestión de pocas horas y que estaré en York a la cabeza de mis valerosos y atrevidos compañeros dispuesto a sostener cualquier proyecto que se le haya ocurrido a vuestra mente politizada. Pero ya puedo oÃr a mis camaradas reuniéndose y a los caballos picando los cascos y relinchando en el patio exterior. Adiós. Marcho, como caballero de una pieza, a ganar la sonrisa de una hermosa.
—¿Como un verdadero caballero? —repitió Fitzurse siguiéndole con la vista—; mejor dirÃa como un loco o como un niño que abandona las más serias y perentorias necesidades para entretenerse cazando las mariposas que cruzan su camino. Pero es precisamente con estas herramientas que debo llevar a cabo mi labor; ¿y para favorecer a quién? A un prÃncipe tan necio como disoluto y tan propicio a demostrar ser un amo desagradecido como antes ya habÃa probado ser un hijo rebelde y un hermano desnaturalizado. Pero él…, él es también una de las herramientas con las que trabajo y, por orgulloso que sea, si intenta desligar sus intereses de los mÃos, cara le costará la lección.