Ivanhoe
Ivanhoe —En mi opinión —dijo Wamba, que no pocas veces ejercÃa las funciones de apaciguador—, creo que nuestro amo no se proponÃa herir a Fangs, sino sólo asustarle. No sé si te fijaste que se levantó sobre los estribos como si intentara que el tiro pasara por encima del blanco. Y asà hubiera sido de no haber saltado Fangs en el mismo momento recibiendo por lo tanto un ligero arañazo que podré curar con media onza de ungüento.
—Si pudiera creerlo asà —contestó Gurth—, solamente con que pudiera pensar que fue asÃ…, pero no. Vi que la jabalina iba bien dirigida, la oà cruzar el aire, silbando con toda la malicia despiadada del que la disparó y también la vi vibrar cuando se clavó en tierra como si le supiera mal haber fallado el blanco. ¡Por el báculo de san Antonio, abandono su servicio!
Y con estas palabras, el indignado porquerizo recobró su callado talante, del que no pudieron sacarle los repetidos esfuerzos y bromas del bufón.