Ivanhoe
Ivanhoe Rebeca no perdió el tiempo en notificar al paciente que sería transportado a su albergue, y se dispuso a examinar y a vendar sus heridas con sus propias manos. Los jóvenes lectores de baladas y romances deben recordar cuán a menudo las mujeres, en las edades oscuras, como se las conoce, eran iniciadas en los misterios de la cirugía y cuán frecuentemente el galante caballero era curado por aquella cuyos ojos habían herido más profundamente su corazón.