Ivanhoe
Ivanhoe —Seas enemigo, clĂ©rigo o diablo —replicĂł Front-de-Boeuf—, ¡nacen mentiras de tu boca! No induje a Juan a rebelarse, no fui yo solo. HabĂa cincuenta caballeros y barones, la flor de los condados centrales. Nunca mejores hombres empuñaron lanzas. ÂżY yo debo responder por la falta que cometimos cincuenta? ¡Falso demonio, ir desafĂo! Vete y no merodees más alrededor de mi lecho, dĂ©jame morir en paz si eres mortal… y si eres el diablo, todavĂa no ha llegado mi hora.
—No morirás en paz —replicó la voz—. Incluso muerto, habrás de pensar en tus asesinatos, en los gemidos que han resonado bajo las bóvedas de este castillo, en la sangre que ha teñido su suelo.
—No vas a conseguir que tu ingenua malicia me estremezca —contestĂł Front-de-Boeuf con una risa sarcástica—. El judĂo infiel… he ganado mĂ©ritos ante el cielo al tratarle como lo hice. Además, Âżno han sido canonizados aquellos hombres que tiñeron sus manos con sangre sarracena? Los cerdos sajones que he degollado eran enemigos de mi paĂs, de mi linaje y de mi rey. Puedo comprobar que mi peto protector no presenta resquebrajaduras. ÂżTe has marchado? ÂżCallas?
—¡No, loco parricida! —replicó la voz—. Piensa en tu padre. ¡Recuerda su muerte! ¿Acaso has olvidado el salón de fiestas inundado de sangre paterna derramada por la mano de su hijo?