Ivanhoe
Ivanhoe —¡Mejor que mejor! —contestó Cedric—. Estaré más ágil, para trepar por la muralla. Y perdonadme la presunción. En este dÃa veréis cómo el pecho desnudo de un sajón se enfrenta a la refriega como nunca habéis visto que lo hiciera ningún corselete de acero de un normando.
—En el nombre de Dios —dijo el caballero—, abrid la puerta y poned a flote la balsa.
El portal de la barbacana que conducÃa al foso, justo enfrente de la puerta en la muralla principal, se abrió repentinamente. El improvisado puente fue empujado hacia el agua, extendiéndose entre el castillo y la barbacana, formando un paso resbaladizo que apenas podÃan cruzar dos hombres a la vez. Sabedores de la importancia de coger al enemigo por sorpresa, el Caballero Negro, seguido por Cedric, atravesó el puente y alcanzó la parte opuesta. Allà empezó a golpear la puerta con el hacha, protegido en parte contra las piedras y los tiros de los defensores gracias a las ruinas del antiguo puente levadizo que el templario habÃa destruido en su retirada de la barbacana, dejando el contrapeso todavÃa colgando de la parte superior del portal. Los seguidores del caballero no disponÃan de tal protección; dos fueron alcanzados de inmediato y otros dos cayeron al foso; los restantes se retiraron a la barbacana.