Ivanhoe
Ivanhoe —¿Aymer, el prior Aymer? Brian de Bois-Guilbert… —murmuró Cedric—. Normandos los dos…, pero la hospitalidad de Rotherwood no debe pararse a considerar si son normandos o sajones quienes la piden. Sean bienvenidos desde el momento que han decidido detenerse aquÃ. TodavÃa lo hubieran sido más si hubiesen cabalgado un poco más allá en su camino, pero no vale la pena murmurar por una noche de hospedaje y una sola cena. En su condición de invitados incluso los normandos están obligados a reprimir su insolencia… Ve, Hundebert —añadió, dirigiéndose a una especie de mayordomo que estaba de pie con una vara blanca en la mano—, toma seis servidores y conduce a los forasteros a las dependencias de los huéspedes. Cuidad sus caballos y sus mulas y poned especial atención en que a sus servidores no les falte nada. Dadles una muda si la necesitan, encendedles un buen fuego, proporcionadles agua para lavarse y vino y cerveza para beber. Ordenad a los cocineros que añadan lo necesario a la cena, lo más rápidamente posible, y que todo esté en la mesa tan pronto como los forasteros estén listos para compartirlo. Diles, Hundebert, que muy gustoso Cedric en persona les darÃa la bienvenida si no se diera el caso de haber prometido bajo juramento no dar más de tres pasos fuera del dosel del salón para recibir a nadie que no llevara también en sus venas la noble sangre sajona. ¡Anda! Cuida de que estén atendidos en todo, para que no puedan decir, guiados por un desmedido orgullo, que el descastado sajón ha dado muestras de su pobreza y avaricia a la primera ocasión.