Ivanhoe
Ivanhoe —Buen montero —dijo Cedric—, mi corazón está triste. El noble Athelstane de Coningsburgh ya no existe. ¡El último descendiente del santo Confesor! ¡Con él han perecido las esperanzas! ¡Su sangre ha apagado una centella que ningún aliento humano podrá reavivar! Mi pueblo, a excepción de los pocos que están aquà conmigo, se muere de impaciencia por trasladar sus restos mortales a su última morada. Lady Rowena está ansiosa de regresar a Rotherwood y debe disponer de escolta suficiente. En cuanto a mÃ, ya deberÃa haber abandonado este lugar; si he esperado, no ha sido para compartir el botÃn, porque, ¡por Dios y San Withold, ni yo ni ninguno de los mÃos habrá de tocar ni un centavo! Si me he quedado ha sido para daros las gracias, a ti y a tus decididos monteros, por habernos salvado el honor y la vida.
—Pero —replicó el capitán de ladrones—, nosotros tan sólo hicimos la mitad de la faena. Tomad lo suficiente para recompensar a vuestros vecinos y seguidores.
—Soy lo suficientemente rico para recompensarles con mi propio peculio —contestó Cedric.
—Y algunos de ellos —añadió Wamba—, han sido bastante precavidos para recompensarse a sà mismos; no marchan con las manos vacÃas. No creas que todos son como el bufón.
—No se lo reprocho —dijo Locksley—. Nuestras leyes sólo a nosotros atañen.