Ivanhoe
Ivanhoe Seguían a los dos dignatarios sus respectivos cortejos, que guardaban humildemente las distancias; detrás iba su guía, cuyo aspecto no tenía nada de especial a no ser el usual en todos los peregrinos. Un manto grande de sarga negra, parecido en su forma a una esclavina, envolvía su cuerpo. Completaban su vestimenta unas toscas sandalias atadas con tiras de cuero a sus pies; un sombrero de anchas alas, adornado con conchas y un largo cayado reforzado con hierro, a cuyo extremo superior iba amarrada una palma. Seguía modestamente al último criado del cortejo y al observar que la mesa inferior escasamente podía acoger a los criados de Cedric junto con la comitiva, se dirigió a un banco algo apartado, próximo a una de las grandes chimeneas. Parecía entretenerse en secar sus vestiduras, hasta que alguno se retirara y le proporcionara sitio a la mesa o la hospitalidad del mayordomo le facilitara algún alimento en el apartado rincón que había escogido.
Cedric se levantó para recibir a sus huéspedes con un aire digno y hospitalario y, bajando del dosel o parte elevada de la sala, dio tres pasos hacia ellos y aguardó a que se le acercaran.