Ivanhoe
Ivanhoe —No, pero tenemos a los soldados de Malvoisin. Y permitid que os diga que durante la guerra civil media compañÃa de ellos es peor que toda una manada entera de lobos en cualquier época. Están ahora esperando recoger los beneficios y se han reforzado con los que huyeron de Torquilstone. Asà que, si topamos con ellos, pagaremos por nuestras gestas. Ahora os ruego que me digáis, señor caballero, ¿qué harÃais si diéramos con un par de ellos?
—Clavar mi lanza contra sus pechos, Wamba, si nos ocasionaban molestias.
—¿Y si fueran cuatro?
—BeberÃan de la misma copa.
—¿Y si fuesen seis —continuó Wamba—, y nosotros, como lo somos, solamente dos…, no os acordarÃais del cuerno de Locksley?
—¡Cómo! ¿Pedir ayuda contra una pandilla de escoria como ésta, que un buen caballero puede deshacer ante sà como hace el viento con las hojas secas?
—Entonces —dijo Wamba—, os ruego que me dejéis mirar este cuerno que tiene un aliento tan poderoso.
El caballero abrió el broche del tahalà y se lo entregó a su compañero de viaje, que lo colocó de inmediato alrededor de su cuello.
—Tra-lira-la —hizo Wamba silbando las notas—. Conozco la escala tan bien como cualquiera.