Ivanhoe
Ivanhoe —¿Mi reino y mis súbditos? —contestó Ricardo con impaciencia—. Te digo, Wilfred, que el mejor amigo de ellos me paga con la misma moneda estas locuras. Por ejemplo, mi fidelÃsimo servidor Wilfred de Ivanhoe no obedece mis más expresas órdenes y además le dedica a su rey un sermón porque no obra exactamente según sus consejos. ¿Quién de nosotros tiene más motivos para regañar al otro? Sin embargo, perdóname, fiel Wilfred. El tiempo que he pasado y me queda aún por pasar desapercibido, como ya te expliqué en la abadÃa de san Botolph, es necesario para dar a los amigos y nobles que me son fieles tiempo para reunir sus tropas. De este modo, cuando se anuncie el regreso de Ricardo lo hará al mando de tales fuerzas que el enemigo temblará ante él y asà podrá dominar la traición sin desenvainar la espada. Estoteville y Bohun necesitan veinticuatro horas para hacerse lo suficientemente fuertes y poder marchar sobre York. Espero noticias de Salisbury, desde el sur. De Beauchamp en Warwickshire; y de Multon y Percy en el norte. El canciller debe asegurar Londres. Una aparición súbita someterÃa a tales peligros, que ni mi lanza ni mi espada, aunque estuvieran respaldadas por el arco del osado Robin Hood, la partesana del fraile Tuck y el cuerno del sabio Wamba, me valdrÃan de nada para librarme de ellos.