Ivanhoe
Ivanhoe Pocas escenas más bellas o sorprendentes hay en Inglaterra como las que ofrecen los alrededores de esta antigua fortaleza sajona. El gentil y tranquilo rÃo Don serpentea por un anfiteatro de bajas colinas, en las que los cultivos se mezclan decorativamente con los bosques. En un monte que sube desde el rÃo, bien defendida por paredes y fosos, se alza la antigua edificación que, como su nombre sajón indica, fue antes de la conquista residencia de los reyes de Inglaterra. Las murallas exteriores probablemente fueron añadidas por los normandos, pero todo su interior conserva muestras de una gran antigüedad. Estas dependencias interiores están situadas sobre un montÃculo, en un extremo del patio, y forman un cÃrculo completo de unos veinticinco pies de diámetro. Las paredes son de un grosor extraordinario y están defendidas por varias protuberancias externas que sobresalen del cÃrculo y se proyectan hacia lo alto, contra los muros del edificio, como si estuvieran destinadas a sostenerlo o reforzarlo. Dichos salientes son macizos y sólidos en la base y en buena parte de su cuerpo, pero al ir acercándose a la parte más alta, se van adelgazando y terminan con una especie de torreones que los rematan y comunican con el interior. Contemplado a distancia, el pesado edificio y todos sus curiosos anexos ofrecen tanto interés a los amantes de lo pintoresco como su interior al ferviente anticuario, cuya imaginación se siente transportada a los antiguos tiempos de la heptarquÃa. Se cree que un túmulo, situado en la vecindad del castillo, es la tumba del famoso Hengist. Por otra parte, pueden ser visitados en el cercano patio de la iglesia diferentes monumentos de gran antigüedad.