Ivanhoe

Ivanhoe

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Que sea el diablo si quiere —dijo Athelstane—. Afortunadamente no dio en el blanco y al acercarme para luchar con él, se encomendó a los tobillos y escapó a todo correr. No descuidé de librar los míos utilizando la llave del candado que, entre otras, colgaba del cinturón del sacristán, y tuve pensamientos de saltarle los sesos al bellaco con el manojo de llaves, pero me acordé del pastel y de la jarra de vino y me dejé ganar por la gratitud hacia el pillo que de este modo había aliviado mi cautiverio. Por tanto, después de propinarle un par de coces con todo mi corazón, le dejé allí tumbado, cogí un poco de carne asada y un pellejo de vino con el cual los dos venerables hermanos se habían estado regalando y fui al establo, donde encontré, en una cuadra privada, a mi propio caballo, el mejor de los que tengo, el cual sin duda había sido destinado al uso particular del abad. Me dirigí hacia aquí a la máxima velocidad que la bestia podía resistir; todos los hombres nacidos de mujer huían de mí por allí donde pasaba, tomándome por un espectro, con más motivo porque me había cubierto la cabeza con la caperuza mortuoria. No hubiera conseguido que me admitieran en mi propio castillo de no haber alegado que era el ayudante de un juglar que divierte a la gente en el patio, y más si tenemos en consideración que se han reunido para llorar la muerte de su señor. Decía que el mayordomo creyó que iba vestido para representar algún papel en alguna parodia de tragedia, y por eso me dejó pasar y no hice más que descubrirme ante mi madre y tomar un bocado apresuradamente antes de venir a vuestro encuentro, mi noble amigo.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker