Ivanhoe
Ivanhoe Una figura noble e imperativa hizo su entrada, envuelta en un largo velo blanco, que resaltaba más que escondÃa la elegancia y majestad de sus formas. Su actitud era respetuosa, libre de toda sombra de temor y tampoco daba a entender que fuera a pedir algún favor. Rowena siempre estaba dispuesta a oÃr las relaciones y a atender las quejas de los demás. Se levantó con intención de conducir a su hermosa visitante a un asiento, pero la forastera miró a Elgitha y de nuevo hizo patente su deseo de hablar a solas con lady Rowena. No acababa de retirarse de mala gana Elgitha cuando, con gran sorpresa de lady Ivanhoe, su bella visita dobló una rodilla, apretó las manos contra su frente e inclinando su cabeza hasta el suelo a pesar de la resistencia de lady Rowena, besó la orla bordada de su túnica.
—¿Qué significa esto, señora? —dijo la sorprendida novia—. ¿Por qué me hacéis objeto de tanta cortesÃa?
—Porque a vos, lady Ivanhoe —dijo Rebeca levantándose y adoptando de nuevo la habitual dignidad de su modo—, debo legalmente pagar la deuda de gratitud que le debo a Wilfred de Ivanhoe. Yo soy, perdonad la rudeza con que os he ofrecido el homenaje de mi raza, yo soy la infeliz judÃa por quien vuestro esposo expuso la vida con tantas probabilidades en contra en el cercado de Templestowe.