Quintín Durward
Quintín Durward Mientras separaba estos pasajes en la vieja crónica manuscrita no pude menos de sorprenderme de que una inteligencia tan despierta como ciertamente era la de Luis XI, pudiese alucinarse por una especie de superstición, de la que se juzgaría incapaz al salvaje más estúpido; pero los términos de la plegaria del rey, en una ocasión similar, conocidos de Brantome, son de un contenido verdaderamente extraordinario. Se trata de aquella plegaria que, escuchada por un tonto o bufón, fue hecha pública por él, y arrojó luz sobre un acto de fratricidio que nunca podía haberse sospechado. El modo como fue contada la historia por el cortesano corrompido, que podía mofarse de todo lo que era criminal, así como de lo que era libertino, es digno de que lo sepa el lector, pues tales acciones son raras veces hechas donde no existen hombres con corazones de piedra, capaces de hacer de ellas asuntos de burla.