Quintín Durward
Quintín Durward Las circunstancias en las que Luis XI recibió una respuesta análoga de un astrólogo son las siguientes: El adivino en cuestión había predicho que una hembra favorita, a quien el rey tenía gran afecto, moriría dentro de una semana. Como acertase en su predicción, el rey se disgustó mucho, como si hubiese dependido del astrólogo el evitar el peligro predicho. Envió por el filósofo, y mandó colocar una partida para asesinarle cuando se retirara de la presencia real. Habiendo sido preguntado por el rey respecto a su suerte, confesó que notaba signos de inminente peligro. Vuelto a preguntar por el mismo respecto al día de su propia muerte, tuvo la suficiente astucia para contestar que tendría lugar precisamente tres días antes de la de su majestad. Como es natural, se tomaron las medidas para que escapase a su destino fatal, y fue después muy protegido por el rey, como hombre de ciencia positiva e íntimamente ligado con los destinos reales.
Aunque casi todos los historiadores de Luis le representan como un embaucado de la gran impostura que era la astrología, esta credulidad no podía estar muy arraigada si es cierta la siguiente anécdota referida por Bayle: