Robin Hood
Robin Hood —Su cólera caerá sobre vos lo mismo que ha caÃdo sobre mÃ. Mariana, vos y yo, serÃamos felices aislados del mundo; en cualquier parte en que queráis vivir, en el bosque, en la ciudad, en cualquier parte, Christabel. ¡Oh! ¡Ven, ven, no puedo salir de este infierno sin ti!
Christabel, aturdida, lloraba con la cara entre sus manos y pronunciando esta sola palabra: «¡No! ¡No!».
Mientras que el joven «gentleman» y Christabel, estrechados uno contra el otro, se confiaban sus dolores y sus esperanzas, RobÃn, ante el cual se desarrollaba por primera vez una escena de verdadero amor, se sentÃa transportado a un mundo nuevo.
La puerta por la que los prisioneros habÃan entrado en la capilla se abrió suavemente y Maude, llevando una antorcha en la mano, apareció seguida del hermano Tuck, que venÃa sin su sotana.
—¡Oh, mi querida señora! —gritó Maude con lágrimas en los ojos—. ¡Todo está perdido! ¡Vamos a morir! ¡Es una matanza general!
—¿Qué dices, Maude? —exclamó Christabel espantada.
—Digo que vamos a morir: el barón entra por todas partes a sangre y fuego; no perdona a nadie, ni a vos ni a mÃ. ¡Ay! Morir tan joven es horrible. ¡No, no, mil veces no, milady, no quiero morir!