Robin Hood
Robin Hood —El interés que vuestra encantadora mujer demuestra para con este niño me ha decidido a haceros una proposición relativa a su bienestar futuro. Pero primero permitidme informaros de ciertas peculiaridades referentes a la familia, nacimiento y situación actual de este pobre huérfano de quien soy el único protector. Su padre, antiguo compañero de armas en mi juventud, pasada en los campos de batallas, fue mi mejor y más Ãntimo amigo. Al comienzo del reinado de nuestro glorioso soberano Enrique II, vivimos juntos en Francia, ya en NormandÃa, en Aquitania, o en Poitou y, después de una separación de algunos años, volvimos a encontrarnos en el paÃs de Gales. Antes de abandonar Francia, mi amigo se habÃa enamorado perdidamente de una joven, se habÃa casado con ella y la habÃa traÃdo a Inglaterra, junto a su familia. Por desgracia, aquella familia, orgullosa y altiva rama de una casa principesca y llena de prejuicios idiotas, se negó a admitir en su seno a la joven, que era pobre y no tenÃa más nobleza que la de sus sentimientos. Aquella injuria la hirió de tal manera que, ocho dÃas después, murió después de haber traÃdo al mundo al niño que queremos confiar a vuestros buenos cuidados; ya no tiene padre, porque mi pobre amigo cayó herido de muerte en un combate en NormandÃa, hace de ello diez meses. Si Dios concede vida y salud a este niño, será el compañero de mis dÃas de vejez; le contaré la triste y gloriosa historia del autor de sus dÃas, y le enseñaré a andar con paso firme por los mismos senderos que anduvimos su valiente padre y yo, entretanto vos criaréis al niño como si fuera vuestro, y os juro que no lo haréis gratuitamente. Responded, maestro Gilbert: ¿aceptáis mi proposición?