Robin Hood
Robin Hood El caballero esperó ansiosamente la respuesta del guardabosque quien, antes de comprometerse, interrogaba a su mujer con la mirada; pero la bonita Margaret volvÃa la cabeza y la inclinaba hacia la puerta de la habitación de al lado, sonriendo y tratando de escuchar el imperceptible murmullo de la respiración del niño.
Ritson, que analizaba furtivamente con el rabillo del ojo la expresión de la fisonomÃa de los dos esposos, comprendió que su hermana estaba dispuesta a hacerse cargo del niño a pesar de las vacilaciones de Gilbert, y dijo con voz muy persuasiva:
—La risa de ese ángel será la alegrÃa de tu hogar, mi dulce Maggie, y te juro por san Pedro que oirás otro sonido no menos alegre; el sonido de las guineas que Su SeñorÃa pondrá cada año en tu mano.
—¿Vaciláis, maestro Gilbert? —dijo el caballero frunciendo el ceño—. ¿Os disgusta mi proposición?
—Perdón, mi señor, vuestra proposición me resulta muy agradable y nos haremos cargo del niño si mi querida Maggie no tiene ningún inconveniente. Vamos, mujer, di lo que piensas; tu voluntad será la mÃa.
—Bien, yo seré su madre. —Luego, dirigiéndose al caballero, añadió—: Y si algún dÃa quisierais recobrar a vuestro hijo adoptivo, os lo devolveremos con el corazón oprimido, pero nos consolaremos de su pérdida pensando que en adelante será más feliz junto a vos que bajo el humilde techo de un pobre guardabosque.