Robin Hood
Robin Hood —Helo aquà palabra por palabra: «Mi querido Hal», es Maude quien habla, «dirás al señor RobÃn Hood que pronto se le hará saber en qué momento podrá venir al castillo sin peligro, pues hay aquà una persona que aguarda su regreso con impaciencia». Éste es.
El monje preguntó:
—¿Y qué te dijo para m�
—Nada, reverendo padre.
—¿Ni una palabra?
—Ni una.
—Gracias.
Y el hermano Tuck lanzó sobre RobÃn una furiosa mirada.
Allan, sin perder un momento, habÃa roto el sobre de la carta y la leÃa a la luz de la luna:
QueridÃsimo Allan:
Cuando me suplicaste tan tiernamente, tan elocuentemente, que dejase la casa paterna, cerré mis oÃdos, rechacé tus peticiones pues creÃa entonces necesaria mi presencia para la felicidad de mi padre, y me parecÃa que no podrÃa vivir sin mÃ.
Pero me engañaba cruelmente.
Sentà que la tierra se hundÃa bajo mis pies cuando, después de tu partida, me anunció que para finales de la semana serÃa la esposa de un hombre que no era mi querido Allan.