Robin Hood
Robin Hood —Pienso, señor, que será más juicioso que vayáis primero a ver a vuestra hermana, a la que vuestra larga ausencia debe tener inquieta, y partiremos juntos al amanecer acompañados de unos muchachos cuyo valor y devoción os garantizo; pero, ¡silencio! Oigo el ruido de unos caballos. —Y RobÃn pegó el oÃdo al suelo.
—Vienen del castillo… Son los soldados del barón que nos buscan. Señor, y vos, hermano Tuck, escondeos en la espesura; y tú, Hal, demuéstranos que eres digno hermano de Maude, monta en tu caballo, olvÃdate de que acabas de encontrarnos e intenta hacer entender a los soldados que el barón les ordena regresar inmediatamente al castillo; ¿entendido?
—Entiendo, estad tranquilo.
Halbert picó espuelas a su caballo, pero no fue lejos, la tropa le cerraba ya el paso.
—¿Quién vive? —preguntó el jefe.
—Halbert, caballerizo del castillo de Nottingham.
—¿Qué haces en el bosque a una hora en la que todo el que no esté de servicio debe estar durmiendo en paz?
—Os busco a vosotros; el señor barón me envÃa para deciros que volváis a toda prisa; se impacienta, os espera desde hace una hora.
—¿Estaba de mal humor cuando le dejaste?
—SÃ. La misión que tenÃais encomendada no exigÃa una ausencia tan larga.