Robin Hood
Robin Hood Antes de comenzar las diligencias legales de una demanda tan difícil como era la que tenía que hacer en interés de su hijo adoptivo, Gilbert creyó conveniente someter la cuestión a sir Guy de Gamwell y hacerle conocer hasta en sus mínimos detalles la extraña historia relatada por Ritson al morir. Cuando el anciano terminó el relato de la odiosa usurpación de los derechos de Robín, sir Guy contó a su vez a Gilbert que la madre de Robín era la hija de su hermano Guy de Coventry. Por consiguiente Robín era sobrino del baronet, y no su nieto como hubiera podido deducirse de las palabras de Ritson.
La justa reclamación de Robín fue presentada ante los tribunales; hubo proceso. El abad de Ramsay, adversario del joven, miembro muy rico de la todopoderosa Iglesia, rechazó enérgicamente la demanda, y tildó de fábula, mentira e impostura el relato de Gilbert. El «sheriff» al que el señor de Beasant había confiado el dinero necesario para el mantenimiento de su sobrino fue llamado ante los jueces; pero este hombre, vendido en cuerpo y alma al audaz detentador de los bienes del conde de Huntingdon, negó el depósito y no quiso reconocer a Gilbert.
El único testigo del joven, su único protector, era su padre adoptivo, tratado de loco y visionario; débil apoyo para luchar con ventaja contra un adversario tan firmemente asentado como era el abad de Ramsay.