Robin Hood
Robin Hood —Escucho vuestras palabras, RobÃn, con un sentimiento de admiración tan grande que me hace impotente para expresaros mi felicidad. Os conozco desde hace varios años, y cada dÃa me ha enseñado a apreciaros más. Me serÃa penoso el ser sobrepasada en grandeza de alma, incluso por vos, RobÃn. Quiero ser tan franca como vos sois fiel.
Un vivo color enrojeció las mejillas de Mariana, que guardó silencio durante algunos minutos.
—No tengáis mala opinión de mi delicadeza de mujer —prosiguió la joven emocionada—, si en premio a todas vuestras bondades para conmigo os pertenezco. Además, no creo tener que avergonzarme por esta confesión, ya que es un testimonio de mi gratitud y mi lealtad.
No repetiremos las ardientes palabras que se escaparon como un torrente del corazón de los jóvenes; seis años de amor silencioso habÃan amasado tesoros de ternura.