Robin Hood
Robin Hood El jefe, exasperado, volvió a situar a sus hombres frente al camino ya recorrido, y, con furioso brinco de su caballo, se puso a la cabeza de la tropa. Una lluvia de flechas lanzadas por los sajones con segura mano cubrió el cuerpo del desdichado normando; vaciló sobre la silla y, sin lanzar el menor grito, rodó inerte a los pies de su caballo, el cual, herido a su vez, saltó fuera de las filas y fue a caer muerto a pocos pasos del cadáver de su amo.
Ya abatidos por el fracaso de sus esfuerzos, los soldados se desmoralizaron ante esta nueva desgracia. Recogieron el cuerpo de su jefe y, sin detenerse a contar los muertos y coger a los heridos, se alejaron del campo de batalla a toda velocidad.
Tras haber proclamado con gritos de alegría la huida de los soldados, los campesinos se dedicaron, no a perseguirlos, sino a recoger a los heridos y enterrar a los muertos. Dieciocho normandos habían sucumbido en la lucha, incluido el jefe retirado por sus hombres.
Los buenos campesinos estaban tan contentos de su victoria que pensaban ya traer a sus mujeres a Gamwell; pero Pequeño Juan hizo comprender claramente a sus ingenuos compañeros que el rey no limitaría su venganza a este primer envío, y que había que esperar la visita de una tropa más considerable y prepararse para recibirla bien.