Robin Hood
Robin Hood Los soldados, desesperados al no poder verse cara a cara con el enemigo, comenzaron a quejarse. El jefe, que cogió al vuelo estos murmullos de desánimo, ordenó a sus hombres una falsa retirada a fin de obligar a los sajones a salir de su secreto asilo. Inmediatamente se puso en práctica esta astucia guerrera: los normandos fingieron retirarse ordenadamente, y ya estaban a cierta distancia de las barricadas cuando un grito anunció la aparición de los vasallos de sir Guy.
Sin detener la marcha de su tropa, el jefe echó un vistazo hacia atrás.
Los habitantes del pueblo corrían tumultuosamente y en aparente desorden tras sus enemigos.
—No os volváis, muchachos —gritó el jefe—; dejadlos que nos alcancen. Les sorprenderemos, ¡atención!
Los soldados, animados por la esperanza de una aplastante revancha, continuaron alejándose.
Pero, repentinamente, los sajones, con gran sorpresa por parte del jefe normando, en lugar de intentar alcanzar a los soldados, se detuvieron en la primera barricada que les fue arrebatada, y desde esta posición enviaron una nube de flechas, con destreza incomparable, sobre los fugitivos.