Robin Hood
Robin Hood El vencido cayó sin exhalar el menor grito, y los dos campos rivales, que habían asistido en silencio a este extraño combate, miraron con espanto la terrible herida producida por el golpe mortal.
Pequeño Juan no se detuvo ante el cuerpo de su enemigo; levantó con mano firme su sangrante espada sobre su cabeza y atravesó las filas normandas como el dios de la guerra, de la devastación y de la muerte.
Llegado a una altura, miró hacia atrás, y vio que, rodeados por los normandos, sus hombres, a pesar de todo su valor, estaban en la imposibilidad de defenderse.
Inmediatamente el joven tocó su cuerno y dio orden de retirada; luego, precipitándose de nuevo en el tumulto, abrió camino a sus hombres. Su fulgurante espada tuvo a raya durante algunos minutos a los soldados, y los sajones, secundando las intenciones de su jefe, ganaron poco a poco el patio del «hall». Reunidos en un solo cuerpo y batiéndose desesperadamente, lograron franquear las puertas del castillo, preparado para resistir un asedio.