Robin Hood
Robin Hood —¡Cállate! —repuso bruscamente el hidalgo—. No deseo la muerte de esta inocente criatura. Puedo temer ser descubierto en el futuro, pero prefiero la angustia del temor a los remordimientos de un crimen. Además, tengo motivos para esperar e incluso creer que el misterio que envuelve el nacimiento de este niño no será desvelado jamás. Si no ocurriera asÃ, sólo podrÃa ser obra tuya, Ritson, y te juro que emplearé todos los instantes de mi vida en vigilar rigurosamente tus actos y tus gestos. Educado como un campesino, este niño no sufrirá la mediocridad de su condición; aquà se creará una felicidad de acuerdo con sus gustos y costumbres, y jamás lamentará el nombre y la fortuna que hoy pierde sin conocerlos.
—¡Hágase vuestra voluntad, milord! —replicó frÃamente Ritson—; pero, de verdad, la vida de un niño tan pequeño no vale las fatigas de un viaje desde Huntingdonshire a Nottinghamshire.
Por fin los viajeros echaron pie a tierra ante una bonita cabaña escondida como un nido de pájaros en un macizo del bosque.
—¡Eh! Head gritó Ritson con voz alegre y sonora-. ¡Eh! Abre deprisa; está lloviendo mucho, y desde aquà veo el fuego de tu chimenea. Abre, buen hombre, es un pariente quien te pide hospitalidad.
Los perros rugieron en el interior de la casa, y el prudente guarda respondió en primer lugar:
