Robin Hood
Robin Hood —De verdad, hermosa muchacha —dijo el bandido tras un momento de silencio—, de verdad que admiro vuestro valor y la audacia de vuestras palabras, pero esta admiración no hará cambiar mis planes; sé quién sois, sé que llegasteis ayer a casa de Gilbert Head, el guardabosque, en compañÃa de vuestro hermano Allan, y que esta mañana vuestro hermano Allan partió hacia Nottingham; sé todo eso tan bien como vos; pero también sé, y vos no lo sabéis, que las puertas del castillo de Fitz-Alwine se abrieron para dejar paso al señor Allan, pero que no se volverán a abrir para que salga.
—¿Qué decÃs? —exclamó Mariana dominada de nuevo por el terror.
—Digo que el señor Allan Clare está prisionero del barón de Nottingham.
—¡Dios mÃo! —murmuró con dolor la joven.
—Y no lo lamento.
—Pero, ¿cómo os habéis enterado de que mi hermano estaba preso?
—¡Al diablo las preguntas, preciosa!
Y dio un paso hacia Mariana, quien retrocedió inmediatamente gritando:
—¡A él, Lance, a él!