Memorias de un burro
Memorias de un burro - ¡Pedro, Pedro! La mamá quiere que su niña se llame MarÃa Camila.
PEDRO.- Pero… ¿le has propuesto también el nombre de Petra?
CAMILA.- SÃ, por cierto, y se ha echado a reÃr, porque dice que es muy feo.
Pedro no replicó nada, suspiró y preguntó dónde estaban los confites.
CAMILA.- En un cesto que llevarán a la iglesia. Ya está todo preparado, y toda esta calderilla.
PEDRO.- ¿Para qué?
CAMILA.- Para echársela a los chicos de la escuela.
PEDRO.- ¿Cómo a los chicos de la escuela? ¿Es que vamos a ir a la escuela después del bautizo?
CAMILA.- ¡No es eso! Es para repartir a la puerta de la iglesia. Todos los chicos del pueblo acuden allà y les echan a voleo confites y perras chicas, que ellos atrapan. Y
dicen que es muy divertido.
PEDRO.- No creo; seguramente disputan y se pegan, y no me gusta eso de que se les echen al aire los confites a los niños, como si fueran perros.
MAGDALENA.- (Corriendo anhelante.) ¡Camila! ¡Pedro! Ya traen a la niña y nos vamos en seguida.
Todos acudieron corriendo hacia la criatura.
PEDRO.- ¡Oh, qué guapa es nuestra ahijada!