Memorias de un burro
Memorias de un burro Pedro y Camila iban a ser padrino y madrina de la niña de una mujer que habÃa sido niñera de Camila.
Camila querÃa poner su nombre a su ahijada.
-No quiero –dijo Pedro-; yo soy el padrino y puedo ponerle el nombre que se me antoje. Se llamará Petra.
CAMILA.- ¡Huy, qué nombre más feo! Soy la madrina y quiero que la niña se llame Camila.
PEDRO.- No, porque el padrino manda más.
CAMILA.- Pues si le pones Petra no quiero ser madrina.
PEDRO.- Y si le pones Camila, no quiero ser padrino.
CAMILA.- Me importa poco, porque le diré a papá que sea el padrino en tu lugar.
PEDRO.- ¿Y a mà qué? Yo sé que mi tÃo no ha de consentir en que se llame Camila la criatura. ¡Vaya un nombre soso!
CAMILA.- ¿Pues quién me lo ha puesto a mà sino papá? ¡Anda a decirle que Camila es soso! Y a todo esto, decidamos de una vez; vamos a salir dentro de una hora y hace falta un padrino.
PEDRO.- Quiero serlo si se llama Petrita, y no quiero, si se llama Camila.
CAMILA.- Vamos a hacer una cosa. Preguntemos a la criada qué nombre quiere para su hija.
PEDRO.- Eso, sÃ. Ve a preguntárselo.
Camila fue corriendo y volvió pronto.