Memorias de un burro
Memorias de un burro - ¡Parece que me comprende! –dijo la señora-. Mi pobre Cadichón: mientras yo viva, no te venderé y te haré cuidad todo lo que te mereces.
Yo suspiré pensando en su edad; tenía cincuenta y nueve años, y yo sólo nueve o diez.
“¡Amitos querido! –pensé para mí-. Cuando vuestra abuelita muera, guardadme, os lo ruego, no me vendáis" y dejadme morir en vuestro servicio.”
En cuanto al desgraciado dueño del burro sabio, me arrepentí amargamente más tarde de la jugarreta que le hice, y ya veréis el daño que causé queriendo mostrar mi talento.