Memorias de un burro
Memorias de un burro Yo escuchaba la conversación y me aproveché, como vais a ver. Los niños se habían sentado en la hierba, Al acercarme a ellos, vi una ranita verde, cerca de Augusto, el cual tenía en la chaquetilla un bolsillo entreabierto. Cogí con cuidado la rana por una patita y la puse en el bolsillo del vanidoso. Me alejé en seguida, para que Augusto no pudiera adivinar que era yo quien le había hecho el regalito.
Yo no oía bien lo que decían, pero veía que Augusto continuaba albándose de que él no tenía miedo de nada: ni de los leones. En éstas, necesitó sonarse y metiendo la mano en el bolsillo, la retiró, dando un grito de terror; se levantó veloz y chilló:
- ¡Quitadme esto!... ¡Tengo miedo!... ¡Socorro, socorro!
CAMILA.- (Entre risueña y asustada.) ¿Qué es eso, Augusto?
AUGUSTO.- ¡Un bicho! ¡Un bicho!... Quitádmelo…
PEDRO.- Pero ¿dónde está ese bicho?
AUGUSTO.- ¡En mi bolsillo! Lo noto, lo he tocado… ¡Quitadme ese bicho!
Enrique.- Quítatelo tú mismo, cobardón.
ISABEL.- ¿Con que quieres que te lo quitemos nosotros y tú no te atreves a tocarlo?