Memorias de un burro
Memorias de un burro AUGUSTO.- No los mortifico; al contrario, los ayudo.
PEDRO.- Pero puesto que no quieren que los ayudes…
AUGUSTO.- Quiero favorecerlos aunque no quieran.
LUIS.- Nos da guerra porque es más grande que nosotros; contigo y con Enrique no se atrevería.
AUGUSTO.- ¿Qué no me atrevería? Repite esa palabra “peque”.
Santiago.- ¡No! ¡No te atreverías! Pedro y Enrique son más fuertes que una rana, me parece a mí.
A la palabra rana, Augusto se puso encarnado, y dijo a Pedro:
-Bueno, ¿qué querías?; parece que me buscabas para algo…
PEDRO.- (Con frialdad.) Sí, venía a proponerte una excursión en burro, si quieres venir, con Enrique y conmigo a pasear por el bosque.
AUGUSTO.- (Apresuradamente.) Claro que sí.
Pedro y Augusto fueron a la cuadra y pidieron al cochero que ensillara al poney, a mi camarada y a mí.
AUGUSTO.- ¡Ah! ¡Tenéis un poney! Me gustan mucho a mí…
PEDRO.- Me lo ha regalado abuela.
AUGUSTO.- ¿Y sabes montar a caballo?
PEDRO.- Sí; hace dos años que me ejercito.
AUGUSTO.- Me gustaría montar en el poney.
PEDRO.- Si no has aprendido a montar, no te lo aconsejo.