Memorias de un burro
Memorias de un burro Hubiera debido estar mi venganza satisfecha, pero no era así; aún sentía hacia el desdichado Augusto un rencor que me obligó a jugarle una nueva picardía, de la que mucho me arrepentí después.
Cuando la historia de la rana, nos vimos libre de él cerca de un mes. Pero su padre nos lo volvió a traer un día, lo que no dio gusto a nadie.
- ¿Qué haremos para distraer a este chico? –preguntó Pedro a Camila.
CAMILA.- Proponle una excursión en burro por el bosque. Enrique montará en Cadichón; Augusto, en el borrico de la granja, y tú montarás en tu poney.
PEDRO.- ¡Buena idea, con tal que le guste a él!
CAMILA.- Tiene que gustarle. Haz ensillar el poney y los burros; cuando estén listos, que monte en el suyo.
Pedro fue a buscar a Augusto, que estaba haciendo rabiar a Luis y a Santiago, pretendiendo ayudarlos para embellecer su jardinito. Se lo revolvía todo, arrancaba las matas, suplantaba las flores, cortaba las plantas de fresa y ponía el desorden por doquiera. Los pobrecillos trataban de impedirlo, pero él los rechazaba con su azadilla, y cuando Pedro llegó los encontró llorando ante el desastre de sus plantas y de sus flores.
- ¿Por qué mortificas a mis pobres primitos? –pregunto Pedro con aire enojado.