Memorias de un burro
Memorias de un burro ENRIQUE.- Por vanidad de burro.
CAMILA.- ¿Y el incendio cuando salvó a Paulina?
ENRIQUE.- Por instinto.
CAMILA.- Cállate ya; me aburres.
ENRIQUE.- Pero ¡si quiero mucho a Cadichón! Sino que lo tomo por lo que es: por un burro, y tú lo tomas por un genio. Nota que si tiene el talento que dices, entonces es malísimo.
CAMILA.- ¿Por qué?
ENRIQUE.- Al poner en ridículo al pobre burro sabio y a su amo, les ha impedido ganarse la vida. Luego le ha hecho mil maldades a Augusto, que no le ha hecho nada, y demás muerde y cocea a los demás animales para echarlos.
CAMILA.- Es verdad. Enrique. Ya casi prefiero creer que Cadichón no sabe lo que hace…
Y Camila se alejó corriendo con Enrique, dejándome solo y descontento de lo que acababa de oír.
62

63
Comprendía muy bien que Enrique tenía razón, pero no quería confesármelo a mí mismo, y, sobre todo, no quería cambiar y reprimir los sentimientos de orgullo, de ira y de venganza, a los cuales me había abandonado siempre.