Memorias de un burro
Memorias de un burro Me quedé solo hasta que anocheció; nadie vino a visitarme.
Me aburría, y al oscurecer me fui cerca de los criados, que tomaban el aire a la puerta de la cocina, y charlaban así:
EL COCINERO.- Yo que la señora, me desharía de ese burro.
LA DONCELLA.- ¡Ya, ya! ¡Qué jugarreta le ha hecho al pobre Augusto!
Hubiera podido ahogarse…
EL CRIADO.- Y encima, aún saltaba y se alegraba, como si hubiera hecho alguna hazaña.
EL COCHERO.- Pues las va apagar. En vez de cena, le voy a dar una paliza…
EL CRIADO.- ¡Cuidado! Que si la señora se entera…
EL COCHERO.- ¿Y de qué se va enterar? ¿Crees que le voy a pegar delante de ella? Esperaré a que esté en la cuadra.
EL CRIADO.- Si, pues espérate sentado. Como hace siempre su gusto y entra en la cuadra cuando le da la gana…
EL COCHERO.- Ya lo haré yo entrar, quieras que no, y le quitaré esos humos.