Memorias de un burro
Memorias de un burro Al otro dÃa, muy tarde, me sacaron; yo tenÃa ganas de morder al cochero, pero me detuvo el temor de que me echasen. Me dirigà hacia la casa y vi a los niños reunidos delante, que charlaban con animación.
-Ahà está ese pÃcaro –dijo Pedro al verme-. Vamos a echarle, no sea que nos muerda o nos haga algo malo, como al pobre Augusto.
CAMILA.- ¿Qué le ha dicho el médico a papá?
PEDRO.- Pues que Augusto está muy mal; tiene fiebre y delirio…
SANTIAGO.- ¿Qué es el delirio?
PEDRO.- El delirio es cuando se tiene tanta calentura, que ya no se sabe lo que se dice; no conoce uno a nadie, y se ven una porción de cosas que no existen.
LUIS.- ¿Y qué ve Augusto?
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PEDRO.- Cree siempre ver a Cadichón, que quiere tirarse sobre él, que le muerde y le patea; el médico está muy inquieto. Papá y mis tÃos han ido a verlo.
MAGDALENA.- ¡Qué feo está lo que ha hecho Cadichón!
- ¡SÃ, muy feo! Exclamó Santiago, volviéndose hacia mÃ-. ¡Anda , malo! ¡Ya no te quiero!
-Ni yo, ni yo, ni yo-. Repitieron todos los niños-; vete, que ya no te queremos.