Memorias de un burro

Memorias de un burro

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Santiago no contestó, porque, en efecto, no podía contestar nada; pero movió la cabeza y, volviéndose hacia mí, me hizo una caricia que me emocionó hasta hacerme llorar. El abandono de todos los demás me hacía más patentes aún estas pruebas de cariño de mi pequeño Santiago, y, por primera vez, sentí un sincero arrepentimiento en mi corazón.

Pensé con inquietud en la dolencia del desdichado Augusto. Por la tarde supe que se había empeorado. Mis amitos fueron a verle; sus primas aguardaban con impaciencia.

- ¿Cómo está? ¿Qué noticias? –les gritaron desde lejos, en cuanto los divisaron.

PEDRO.- Un poco mejor.

ENRIQUE.- Su pobre padre da lástima; llora y solloza y pide a Dios que le deje a su hijo…

ISABEL.- Vamos a rezar todos por él nuestras oraciones de la tarde. ¿Queréis?

-¡Sí, sí! –dijeron todos los niños al mismo tiempo.

MAGDALENA.- ¡Pobre Augusto! Si se llegara a morir…

ISABEL.- ¿Y dónde está su madre, que no se la ve nunca?

PEDRO.- Sería asombroso que la viésemos, pues se murió hace diez años.

ENRIQUE.- Y lo que es singular, es que la pobre señora murió por haber caído al agua desde una barca.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker