Memorias de un burro

Memorias de un burro

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

ISABEL.- ¿Cómo? ¿Murió ahogada?

PEDRO.- No, porque la sacaron en seguida, pero hacía calor y se impresionó tanto entre el frío del agua y el susto, que le dio fiebre y delirio, lo mismo que a Augusto, y murió ocho días después.

CAMILA.- ¡Dios mío, Dios mío! ¡Con tal que no le suceda lo mismo a Augusto!

ISABEL. Por eso tenemos que rezar mucho; quizá Dios nos concederá lo que le pedimos.

MAGDALENA.- ¿Dónde está Santiago?

CAMILA.- Estaba aquí hace un momento. Se habrá ido a casa.

65

66

No había ido a casa, sino que, apartado de todos, de rodillas y con la cara entre las manos, rezaba y lloraba.

¡Y era yo quien tenía la culpa de la enfermedad de Augusto, de la inquietud de su padre y del pesar de mi buen Santiaguito!...

Esta idea me apenó y me dije que no debía haber vengado a Medor.

“¿Qué bien le he hecho con esto? –me pregunté-. ¿Está menos perdido para mí?

La venganza, ¿de qué me ha servido más que para hacerme temer y aborrecer?”


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker