Memorias de un burro
Memorias de un burro - Si no veo mal, ahà esté el maldito burro que nos echó a perder la feria de Laigle… ¡Bribón! ¡Me las vas a pagar todas juntas!
Y levantándose, se acercó a mÃ. No traté de apartarme, de lo que pareció sorprendido.
- No es él –dijo-, porque está ahà como un poste… ¡Qué hermoso burro! Si yo dispusiera de él siquiera un mes, no te faltarÃa pan, hijo, ni a tu madre tampoco, ni yo tendrÃa el estómago vacÃo.
Tomé al punto mi partido; resolvà seguir a aquel hombre y sufrirlo todo para reparar el mal que le habÃa hecho, ayudándole a ganar dinero.
Cuando reanudaron su marcha, yo los seguÃ.
- Es extraño –dijo el hombre- que este burro se empeñe en seguirnos. Ya que él quiere, dejémosle andar.
Al llegar al pueblo, se presentó a un posadero y le pidió alojamiento, diciéndole honradamente que no llevaba un cuarto en el bolsillo.
- Ya hay bastantes mendigos en el paÃs sin que vengan los de fuera –contestó el posadero-; vaya a otra puerta, buen hombre.
Yo me acerqué al posadero y le hice varias reverencias, hasta que se echó a reÃr.
- ¡Vaya un burro! –dijo-. Si quiere usted que nos divierta con sus habilidades, consiento en darles comida y cama.